La incandescencia del rimero… [***]

 

 

La incandescencia del rimero es la verdadera edad del que vela,

la seda acribillada en que gravita

la duna reciente.

 

piélago de piedra y piedra de agonía,

la demora de onda en el aliento que constela

un yermo mínimo,

alabea el nacimiento furtivo de la duna.

 

¿Insiste así la forma, en un grano de mundo?

 

–“He aquí que tú eres hermosa

amiga mía…

 

y una marejada extática

baja hasta tus hombros,

como el alba en Galaad

 

he aquí que eres hermosa,

y simetría gemina en otra alba

su cerco de conjuros

de esterilidad;

 

eres hermosa;

en tus ojos está el agua

que desde la peña

baja a beber la paloma torcaz.

 

La paradoja de una línea biselada

y estricta,

raja de púrpura,

aura tu voz;

y otros dos gajos gemelos de penumbra,

amiga mía,

laten a ambos lados,

para la concentración y el sueño:

 

eres hermosa,

y sobre tus hombros la nervadura opuesta

al lugar adonde miras

es tendón, tendón de torre,

elipsis del aire y del ascenso.

 

Del volumen el manjar parejo

surge más abajo,

donde el eje sazonado de la sombra

valle, si ubérrimo, sin río

opone monte a monte igual.

 

Has posado la tenue bandera

del aroma,

y el suspiro fue argumento

de manzanas exhaladas,

y el incienso eclipse

de una joyante gravedad,

y la nuez, el cedrón y la avellana

clausura de la panoplia que se jacta,

en otra figuración,

de la embriaguez del contrincante…

 

Fuente cerrada, fuente sellada.

 

 

–Está en sí, como en un capullo de asiduidad.

 

Repuesta y vana,

corroborada por la pérdida,

medra no en la cuenta susurrada

con una intimidad de relicario,

sino en la dicha-de-otro,

rosario de vértigo,

azabache sucesivo

que revela lo incesante:

 

 

la única edad, la crisálida que dura, siempre antes

del primer instante de intemperie.

 

 

 

 

HAP