Consecutivo curso de ya ajada dulzura
se resuelve en salobre y undosa vastedad,
de este tiempo abre en delta ilusiva trinidad
el instante que en él se enajena y desmesura,
pues por detrás las láminas pliegan con holgura
recónditos vestigios de amena majestad,
dinteles deletérêos con la divisa «¡Entrad!»,
en recordados claustros que el dolor clausura.
Y el destello no dura; delata asimetría.
Lo que hasta él oscuro e innúmero se acopia,
después de él su sombra pierde y su luz propia:
desasido de sí, se aleja quien no sabía
que tránsito es sutil, no distancia que degrada,
sino intangible filo para hendir la nada.