Se contrae y se agrieta una membrana,
concentrándose más y más en sí,
sólo un núclêo consciente queda allí,
lánguido el eje en que la luz se hilvana.
De celdas tales profusión precisa,
eres ya el citoplasma parcelado,
tras cada cosa escuchas el llamado
del vacío, que acecha y neutraliza.
La silueta deviene en carne abstracta,
vives sólo en la idea, que refleja
la certeza del ser, que se retracta
y se entrega al torrente que lo aleja:
caduca el paso y cede el brazo, inerte,
ante el reclamo mudo de la muerte.