HAP
Sobre el verso «Elegía - a Guillermo C. Colussi, i. m. [***] La espontánea ironía, el sobrio escepticismo, la amorosa distancia, la lúcida agudeza, se olvidan ya de sí, sin dejar de ser lo mismo, y el vacío a impugnar tu corazón empïeza. Crecido hasta la máxima instancia concebible, pródigo de tus límites, franqueas la bordura en busca del blasón y la forma que no afible; entretejida en todo, tu alma conjetura la profusión de un punto, tal en el muro la hiedra, si se aferra al lugar, y lo niega y desmesura; ¿y es sólo otra frecuencia, no signo, el de la piedra, –dime, si ya lo sabes, ¿o es que no podría yo entender lo que el cuerpo contradice y desmedra?– la estelar nebulosa, la oruga, esta flor fría, en la que uno no está, y sí la afinidad que vibra en celdillas tenaces de varia joyería? Tu voz se recupera, miel cauta, en cada fibra, esclarece un panal recóndito y pondera, con ecuánime astil, dicción e idea que equilibra. ¿Cómo decir lo íntimo? Es próvida cantera del irisado mármol, intransferible y par, que esculpe tu perfil en lo prístino y te espera… en letra juvenil, en esa noche insular de Aragón» del poema Elegía - a Guillermo C. Colussi, i. m.

Nota de autor

Nota 2 a «Elegía - a Guillermo C. Colussi, i. m.»

Héctor A. Piccoli

Recuerdo de juventud: habíamos ido a pescar a una isla en la zona de Puerto Aragón, a la que (a falta de embarcación propia allí) nos trasladó ‹Nino›, un pescador del lugar. Pasamos la noche entera envueltos en una espantosa nube de mosquitos.