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Será mi transparente...

Claudio J. Sguro · De vigilia

A María

Será mi transparente

* voz la del augellin en primavera,

de enloquecido temblor y nunca detenido.

Morirá no en su rama, mas en su melodía, ebrio de su canto terso, en su luz de abandono calcinada, cuerdecilla agitada en aquel aire, lábil ánfora sonora que no padece sino la pureza de su abismado ascenso.

Allí está mi fuente, el ceñimiento

oscilante, donde he de ahogar, medrando,

mi nítida y musical

ala, ya arrobada.

¿Me llamas, silenciosa, al fin de seda,

para sumir en el espejo suave

mi canto, cuando apenas sabe ser

la flor que se abre al día colma y clara?

He de volcarme a tu murmullo oscuro para hallar la otra flor que en ti se cela, el tallo último donde posa absorto el silencio de mi alma que se abniega. Mas ha de germinar sólo con mi hálito que la envuelve en su pira diamantina; yo sólo la protejo si la inclina la nube desatada con el viento. Restriego éste, mi geminado brío, para la melodía de su alba. Y ensordezco con mi arte de armonía ocelada a nuestra enemiga calma.

Has llegado al olvido de ti mismo en estas turbias brumas de alcoholes, cuando sabes cerrarte suavemente sobre tu solo centro azorado.

En tu embriagado espíritu deflagro la esencia de mi aroma enamorado, el aura en que vacilas suspendido en esta alma invisible que es tu nido. Si te escindes para libar en mí, si atraviesas el limen de estos ríos, si tomas la corola irisada que duerme intacta en esta blanda cripta, uno solo seremos aturdido. No es en ti en quien derramo tenue muerte. Me envuelven estos velos dulcemente para ser, retraída, una y casta.

¿Es vuelo ahora o lánguida caída?

Es última agonía enajenada el trino herido que incidiendo va aquella soledad ensimismada: la belleza que crece dividida, y en el seno el dolor se multiplica.

Pero dolor ya es tu antera opima, mi ascenso, el que constela tu dulce iris. ¿He de probar este descanso tibio, en tu púrpura, savia abierta al día, y de noche ceñida en tu penumbra: el hálito de la inocencia hondo que te eleva y te crispa cuando sueñas? El fruto que madura aquí es lazo cincelado y abierto a la intemperie, la diadema de lábiles pétalos siempre inviolada, insumisa siempre. Sí, allí yacía el dolor, aquí reinará la dicha. Éste será el estilado almíbar: nuestro único alimento enardecido, el maná de este ilapso unitivo.

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