HAP

Romances del espíritu del tiempo – a) la Universidad ***

Héctor A. Piccoli · Fractales

(Pintando en jocoso numen su encarnación en Humanidades. Con ruego de ser continuado por quien, con mayor conocimiento y mejor poética, acudiere a suplir la agotada vena del autor.)

Como el papo a un tagarote * los claustros te remanecen, si aquél ahíto de viandas, tú de bandas que guareces: decanos de comité, rectores de gabinete, que han estado de una clase su puta vida terrestre tan cerca como está el sol cuando se pone, del este; por académicos méritos tan invisibles docentes, que no los viera a sus madres un ecógrafo en el vientre. Y aconteció esotro día que un sacamuelas reciente, a fuer de politiquillo, con fama de galancete, fue de ti “Magnificencia”, nombre que bien le compete, ya que si de ciencia magro, opulento fue en harenes, que mantenía con cargos pagados con tus billetes. Puesto aúna y aptitud tu autoridad excelente, para que siempre hagas gala de aquél que más te conviene: en la exterior relación has tenido “cancilleres” imbuidos de tantas lenguas del talón hasta el copete, que hasta el inglés balbuceaban como quien lame un sorbete, con sabrosa policía, tal que el de Stratford * dijere: “por los diacríticos tonos son naturales de Pérez”. Si a sembrar Humanidades en un Septentrión deleble * vuelan luminarias sólidas muchas veces por trimestre, hay una a la que destaca lo que su viaje comete; dínamo del intercambio al que tus arcas sometes, Dinamarca hace vecina de tu criollo minarete, desde el que convoca a orar, como almuecín alcahuete, aquel muy docto vikingo, un polígrafo omnisciente, por quien cuarentonas rancias enferman de cachondez sin curarse de ignorancia. Y si extremada en tus preces, eres tan justa en tus dones, que al dedicado provees * de cuatro dígitos sólidos, para que el simple se enmiende por menos de cien razones. Por que a Amaltea remedes, si no un Zeus, muchos chotos las flacas tetas te prenden, ponen cuernos, sacan copias… Mas la cornucopia quiere currículo de tal diámetro que lo agrande en lo que debe; regló así a sangre fría aristotélica mente, las cuatro categorías: apretadas A y B como calzones de lycra, entre C y D hay un jeme, de B a C el Ganges fluiría; y evalúa antecedentes un sabio por facultad, el de aquí atiende a la gente o a su solitario mal. Por tanta άρετή a merced no dejar de olvido impío, cayó a un tecnólogo en mientes tomar binario artificio * y encriptarlo en un diskette; un software tan acendrado, que te pondría en un brete hallar Norton que lo lea o Bill Gates que lo etiquete. ¡Y, oh Universidad, quién destejiera las redes de tu contabilidad! ¡invistes aun no-docentes con cargos de titular! Mas si otrora tus paredes hubieran asqueado a Augias, ahora alguien cambió tu tez: cuasi privada, eres pública, hacen que onerosa muestres, entre las abiertas piernas, torre erguida de Babel. * Gracias a esta proeza, tus liberales videntes pregonaron logro sumo: tener ya lo suficiente para arreglar en tus altos roto un botón de retrete. * Y aunque no escandan, hay savias por las que arraigas y creces… si están en Escandinavia: el calor las enardece de furores sufijales; cuando “espacios” no establecen, de un problema, “problemáticas derivan en sonsonete, y –a tres por cuarto– acomoda cada Hipólita un Centrete. * Porque ésta en un texto vio que era página la nieve, y por gramma tomó a un poste, * más escritora se cree que la Annette von Droste. Y aunque abundas en regentes con filológico avío, heriría a un martinete la rección de tus escritos: ¡si buscándole el gollete, un lingüista viera el orto por el que nace y asciende tanta luciente grafía! ungiste al jumento, aleve, tomando a masters por maestros, a dóciles por docentes, y por doctos a doctores: tienes, ¡UNRRR!, lo que mereces.

[diciembre de 1996.]

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