(ἄ)/ τομος
Héctor A. Piccoli · La nube vulnerada
(Fragmento)
‹Modelos› atómicos
si de contorno esquivo e igual calidad o reclamando espacio que oprime una frontera; si por sellar alianzas, con garfio y con ojal; si imanes de baja- y pleamar, puntuales, o de éter cual dúctiles, mínimas esferas o astros de jerarquías inmensas, orbitales…
(Fase filosófica)
En la ‹primera fase› tendiste, abderita, el puente columbrado que conjuga mano y pluma, genuina geometría que agita en número inmutable, sin límite, y seria la fluencia intangible de las ondas; la ribera constante uniste a la que fuga en doble concepción de la materia: que en lo que muta, prueba con ley se corresponda.
La flor del hexaedro concatena la negada quietud al desvío; eslabón trunco, que la gracilidad con que se inclina un junco desagrega, aboliendo la condena. La tenaz peripecia del vacío y un plural cohesivo de ser que no se escinde, clinamen fértil, no el pleno número tardío trama a cosas y a dioses: una hebra hasta la linde… De lo invariable lejos y del distinto río, la forma florece en lo que al vórtice se rinde, y en la misma miríada agitada se pierden carne, hoja, piedra y nada.
Anaxágoras (homeomerías), Empédocles, Platón
¿Fue en el caos primigenio disímil sementera a la que el ‹espíritu› un orden infundiera? –La varia calidad, aún, si en el tetragrama de tierra y agua, fuego y aire, que recama el canto congrüente del paraje, si en incierto plural, si en par doble de figuras (de veinte, cuatro, seis y ocho fuentes el venaje) con su mezcla y divorcio anega, hiere y sutura cada forma, y la muta y la guarda del ultraje.
Elaxista, el principio que hace una a cada cosa, –parte integrante real o límite divisorio– fueron esencïales y nunca el abalorio exhausto en el sartal que su desamparo palia; bezoar del vacío, en minima naturalia eran luz incipiente y postrera que la acosa: desde la noche así o desde el día, el rosicler es primero en surgir y primero en perecer.
¿Y el homogéneo mar de aguas discordes? ¿La nueva identidad que anega, en su desborde, cristales contrastados, genitores acentos del sigiloso maridaje de elementos? Amorosa u hostil, ¿se reparte la materia en formas sometidas a una forma? Estructura espacial es, que la conciencia asedia, la boda del color, cuando un iris lo transforma.
Desde la ‹concreción primaria› crea el corpúsculo la más ceñida urdimbre de un acuerdo mutuo: la sustancia insinúa el abanico de sus mutacïones, mas al rico paisaje lo flabela puntual identidad. Del ‹horror vacui› fue la extensión el conjuro que asignó a las partes la paradoja audaz –si negado el vano, determinado el muro– de una motilidad ‹social›: a suma epifánica de magnitudes mínimas, se alió la mecánica…
(Fase científico-natural)
Prolijo amedrentó del misterio el ala oscura un candil contrincante en doble cielo abisal, que empezó a roturar la avidez de la mensura; se trató de ceñir lo elemental y de ritmar de a pares los enlaces, contando y ponderando cada hilo del encaje.
siglo XIX
Y comenzó el pesaje en la entera hilandería a partir de la fábrica mínima del agua… Simétrico, el lugar insistente cifraría el plan de la obra íntegro, en múltiplo que fragua: sigilo de una danza que de sí se derrama como la que siluetas calcula de la llama. Negativas o neutras, empero, otras partículas escindían un límite en más pequeñas ínsulas…