Cándida y lacerante…
Héctor A. Piccoli · La nube vulnerada
Para Lucio, al reconocer de inmediato, a partir sólo de un par de versos sueltos, la alusión a un pregón de nuestra calle
Cándida y lacerante, la cornetilla hiende –apremio sinüoso en doliente mercancía– el bochorno del aire pasado el mediodía, y por la hendidura cunde un tiempo ebrio aquende el lago que en los plátanos cintila y suspende, con la infancia estridente en que se resolvería el rumor, la inminencia de otra epifanía: doblado el blanco heraldo, en eco, por un duende… No atinas a ligar ese timbre a una figura que lo legitimara con vida en el pasado; mas como a la voz desgarrada que pregona «¡hay báldeee!…» la difunde el vacío y no sutura, ángeles en él oyes clamar, atribulado, cuyo coro tenaz no concilia, y abandona.