Epitafios
Héctor A. Piccoli · La nube vulnerada
De un cultor de la ironía
Yace aquí adusto quien no ocultaba una sonrisa al oír arrullar el agua, fluyendo aprisa.
De un gramático
Mi vida conjugué en un solo tiempo y modo. ¡Y declina mi nombre y se asordina en todo!
De un caminante que gustaba de contemplar el cielo
Vi, erguido, disolverse una nube elocuente; ve cómo me disuelvo ahora, mudo y yacente.
De una joven bella, muerta en un accidente
Si crees que el azar es más que fruición del hado, recuerda mi esplendor, y mira qué ha quedado.
De uno que reflexionó en vano sobre el universo
Pasé y me fui de aquí como una nube, sin siquiera saber dónde es que estuve.
De un perro fiel, muy querido por su amo
Como eterno hoy viví aun ayer; y sin mañana, me anegó tu mirada, y fluí en marea humana.
De un santo que supo sentirse devuelto al todo
El túmulo que ves, no oculta a nadie: ¡que la reliquia ilustre y que mi ausencia irradie!
De uno que se adormeció suavemente un día de invierno
Un rumor estival oí imbricarse en el frío, la casaca sentí vacante, y ya no era mío.
De un hablador, aturdido de identidad
Me abroquelé en la luz cenital de la conciencia y me entrego a un crepúsculo ambiguo, que silencia.
De un temeroso de la muerte – 01
Me angustiaba perderme al nublarse el perfil: búscame en la luz amena, en el viento hostil.
De un temeroso de la muerte – 02
Yo fui reunión gozosa de células en celo. Vedme, árida diáspora, abandonada al cielo.
De una amiga dilecta de Calíope y Euterpe, que negaba su condición de tal
Jugué con letra y notas, y añoré este lugar; resuelta en el enigma, ¿quién lo ha de revelar?