Admonición
Héctor A. Piccoli · Otros inéditos
a la voracidad de los jóvenes sobre la impertinencia de una precipitada ingesta ***
Peregrino que llegas a esta yerma sala, si no puedes oír lo que el silencio propala, antes de que te lleves el mendrugo a la boca, lee mi advertencia, y sabrás lo que te toca: «Aunque el ayuno te atenace, espera a los demás; te harás, si no, una fïera. Esto que fue una vez comedor de una familia, hoy es un cebadero, que hambre y prisa concilia.»
HAP