Breve oda al párpado
Héctor A. Piccoli · Otros inéditos
No ciclo circadiano; instante trémulo que escinde noche y día repentinos el tierno muro tiende, del pulso émulo y del soplo que alterna ambos caminos (hacia ti, el colmado de ajena gêometría; desde ti, el que de propias rüinas te vacía); es gémino telón incidiendo en dos escenas: la de afuera, que impera, te antecede y pervive, en carne, en flor, estrella mensurable apenas, y la que en el zafiro del íntimo declive, no menos abisal, te sugiere desde el sueño cifrada afinidad con leves rostros sin dueño. Licor de mar desliza en la congoja y destellos descubre en la ira, posible hace el reposo y aherroja, al abrirse, a aquél ya cautivo del que mira. Doble puerta de Jano, mutable firmamento de cada incandescente sierpe o astro ceniciento. ¡Oh eón en el segundo y sutil intermitencia, linde a la vez del yo y piel del mundo! Nos entrega a lo abierto y resguarda otra conciencia cenital su intemperie, su sigilo profundo. Que su penumbra medre e irise la pupila, sombra en luz se recobre, que integra y adormila.