Soledad
Héctor A. Piccoli · Otros inéditos
Los objetos se obstinan en ceñir sus contornos, cada cara satura su tácita existencia con una epifanía que imana el desamparo de ser un «reservorio de afecto» y de pasado, * –por el don que les han conferido nuestras vidas, a ellos, que ni nacen ni cesan, sólo duran– estando así, librados a la dehiscencia estéril de su disolución. Las astillas del sonido hincan el sortilegio de un encaje sonámbulo, –el guipur de las voces que no están ya en el mundo–, en la mudez sombría de materia y vacío.
HAP