τò ἔτυμον
Héctor A. Piccoli · Otros inéditos
para M. E. P., sobre ella misma
estrella de la mar, Señora, amarga e industriosa, decían de ti los manantiales de antiguo cegados de tu nombre,
diría aún hoy la cifra adormecida en el cendal de esas palabras, que son tu propia epifanía:
allí nos reconoceríamos como un alma cardinal, en corro, hacia cada dirección celeste, y vario sería el canto
mas leve la marea y única para el ala de Amor, embriagado nadador ya de lo invisible, como el ángel de las “elegías”…
Dice tu nombre así de ti?
Dice el primero de su origen, de la encarnadura de levante, cuando el conturbado advenimiento.
Y es el dolor de la manifestación: no la plenitud cenital de la ofrenda, no el cáliz sanguíneo de la achira en lo azul,
sino el nacimiento de la forma, cuando en la materia aún ‘animada’, cuando en la criatura aún adormilada, despierta una intuición ubicua de transfixión en la luz…
Así dice de ti.
Y dice de otra maternidad de amargas lágrimas: de una indecible sumisión de dulzor a un fruto ajeno, de un emblema y un manto.
Y de qué industria dice la raíz septentrional (emsig…?), más que de la íntima decisión de arborecer y ser llamada, no por la redundancia del dulzor del nombre pronunciado,
sino por el mordisco en ese mismo panal acribillado, para la diligencia de amor.