Amor, la misma voz del jilguero…
Héctor A. Piccoli · Si no a enhestar el oro oído
Amor: la misma voz del jilguero, restaña la soledad transverberada. Ante el que aprende, has aparecido en la plana incompleta, como el renglón exhausto, como el ilapso extenso de la isla a mediodía, cuando raya al sauce una luz de plomo. Del panal, eres misión y celda. Maduras hacia una jazminería torreada en el aire más leve de la noche; desde esa altura me dejas caer al orden sin margen… Todo será después, amor, igual que en esta cámara: * habrá allí una página vuelta y tu ardor silencioso, el ardor vano del trigo en la cripta. Sí, porque estarás allí, hondo, hondo, malogrado oro, de espaldas a mi sombra ya definitivamente distraída de la brevedad… Y será afuera un nuevo día con su nube salmonada y la saloma antigua, para la faena de nadie
en los labios de alguien, en el olvido de todos:
„rolle, ja rolle rolle Schifflein hin und her, tanze, ja tanze auf dem weltbewegten Meer“ *
El nombre de un navío no leído hace a lo lejos más instable la ambigüedad del muelle. Cinco, –cinco letras? para insistir en ser, sobre la mar. Insiste así e inclínate, oh, inclínate hacia la estela en fuga, la entrega apaisada…