Eras huidiza y gris,… ***
Héctor A. Piccoli · Si no a enhestar el oro oído
por la montera devorada
I Eras huidiza y gris, para el hombre acongojado, como la hila de la nube, que empuja el terral contra el ramaje. Buscabas, sin embargo, la presencia con el instinto aéreo de no ser tocada y de posarte; era tu participación, conmovedoramente distante sobre el hombro o los cabellos, en el éxtasis de la lectura o la tertulia nocturnas; o en el del patio, el abra donde como un bajel que ya nunca zarpará, te adormecías bajo la marina mínima e izada, desleída o prieta en el adviento del oraje. No te alarmaba ya esa fuerza hostil, ni te imanaba la ablución en la bonanza. Quien te sostenía, asilaba; mecía tu ensimismamiento, como una criatura remota, en otro reino. II El oro está aún aquí, para migar la terneza fluida de la lumbre: los granos, las cortezas a las que te acercabas con una dignidad que conmovía… En el hostigo de la luz, en lo ciego, pienso que piensas de ti y la luz se hace entonces la voluta de un manjar radical, en cuyo centro se pierde tu alma manjolada. III De esta granada abierta, eres quien se ha excluido, eres lo excéntrico y encarnado. Lo supo la cachorrita del juguete cruento, participial, que incorporaba con esa exactísima inocencia que sólo desmesura la incomprensión del hombre, aunque cobije otras criaturas en su alma y en su casa? Porque no eres, –no puedes haber sido…–, la siega de una ‘segunda’ crueldad… Tus ojos habían aprendido a no azorarse, a vaciarse de mundo; habían, tan trabajosamente, aprendido a no azogarse sino en la restitución de un orden que anublaba lo hostil: qué para la hoz, entonces, sino la insensibilidad o el vértigo? Y yo soy, quien desde aquel ya lejano día de mi mano y tu agonía, todo te dio y, desdichado simultáneamente todo te quitó: armándote para la vida, o para algo que fue al fin de cuentas ‘una’ vida, o para lo que necesitamos entender como ‘la vida’, mi negligencia te devolvió por un rodeo, mas del zureo aun, imbele a la primera inminencia. En mí no desaíne el tiempo tu forma irrepetible.