La iguana en la luz,…
Héctor A. Piccoli · Si no a enhestar el oro oído
La iguana en la luz, fija una espaciosa santidad. (Neutro, el reino se contempla con el remanso ustorio de los ojos de la iguana en la luz)
Por el momento del alma transfija que ha durado,
y lucido, recorres estas islas, el embanderillado albergue, físil ante las bardas del agua, como alguien aún vivo ante el instante de seducción o de incidencia, de lo joyante y estancado.
Un fanal separa la creciente
de la moción crecida dentro de él, en el vahaje despojado, que aquí no lo transverbera…
Insinuarás entonces, al regreso, moharras entrañables,
un desfile más y más difluente hacia la lumbre de una ambigüedad de siemprevivas. Ese resplandor, como la cera fúnebre, ebria, de un arte que avía para la disolución y el infinito, dirá del ocaso y del equívoco.
Y será lo jaculado y ajeno,
lo corrido tuyo en el diorama de la cámara.