Por esta claraboya,… ***
Héctor A. Piccoli · Si no a enhestar el oro oído
a Ana María
Por esta claraboya, permanece en el cuarto lo callado y siguiente. La castidad del muro, se deshoja en un lento fluir de agua suspensa; nadie demora la joya dispersa del cielo que pasa. Derramaría un alféizar esta banda sin deseo que una sola frase anega en qué otra voluntad de agua más que el actual azul de sí, en que la frase puede, –única–, encarnar toda su lengua? O es, esposa, quizá el martirizado lema del vano hecho escollera para un gas que ingresa, ingresa –marejada sin rumor y sin rompiente–, a qué espesor? la exhausta sangría a la que vuelve, el cielo en movimiento? Un efímero ganado pace ahora, y nada guarda ni forma obsta, a este moroso acontecimiento. Acierta un oro vago a legitimar la prescindencia de vos, e infringir así la tarde abstracta. Qué serena insistencia, esposa, es estar muerta! Entreabierta en lo alto, la claraboya es una anagogía perpleja en los batientes ante la ilegibilidad extensa, ardida: la luz en la ventalla total, del cielo indehiscente.