Sobre el uso de IA
En el año 2002, cuando la inteligencia artificial no estaba aún en el orden del día ni formaba parte del debate público masivo, dijimos: “En Fractales proponemos un trabajo con el ordenador, si no la más importante, seguramente la más versátil de las herramientas jamás poseída por el hombre. No somos cultores ciegos de ‘la máquina’…, pero negamos la falsa oposición hombre / máquina y despreciamos la ciencia-ficción que pregona la novela ominosa de su supuesto antagonismo. Dudamos del sentido en que se afirma que las máquinas dominarían el sentido: cuesta imaginar algo más opuesto al binarismo que el lenguaje humano (ni qué decir, si del poético se trata), pero fundamos el trabajo allí donde la herramienta se revela como más maravillosa: en el escrutinio, los paradigmas, las permutaciones, la celeridad y la memoria.” (Manifiesto fractal)
Cuando en 2020 —ya siendo la IA tema del momento— entró en escena el LLM (Large Language Model) GPT-3, presentado por OpenAI, formulamos en un aforismo nuestras reflexiones acerca de la nueva tecnología: “[…] Los déficits del pensamiento en los sistemas de IA de ningún modo se reducen a los mentados en el artículo, esto es, a la incapacidad de recordar y/o de planificar: operar con pasado y futuro probablemente no resulte tan difícil de resolver en términos combinatorios; pero la voluntad, el deseo, lo volitivo, lo inconsciente incluso, es decir, todos los factores que –desde el orden visceral a la capacidad de abstracción– proceden del interior del sujeto o, mejor dicho, del sujeto como heterogénea e integrada totalidad y que no constituyen otra cosa que lo que entendemos por vida –cuya resultante expresiva es, por otra parte, precisamente el lenguaje humano– son en los que radica la profunda y decisiva diferencia: de ellos carecen, y probablemente carezcan siempre los sistemas de IA.”
Si al llegar en estas páginas a la aclaración respecto de un poema “Con codificación asistida por IA” un lector desprevenido se preguntara: “Pero…¿no es esto acaso una contradicción?…”, la respuesta sería: —No, en absoluto; porque, teniendo siempre presentes los dos objetivos básicos de nuestra propuesta —pluralidad de lecturas e interacción del lector— la codificación refiere, pura y exclusivamente, al aspecto arquitectónico, es decir, al diseño de los portantes de los poemas propuestos y/o resultantes de los cibermodelos presentados.
Los ciberpoemas están, en el ítem del índice, subdivididos en dos grupos: “Del corpus” reúne piezas móviles, plurales, pero con elementos pre-escritos por el autor mismo: el lector opera, a lo sumo, disparando una combinatoria predeterminada; los “Cibermodelos”, en cambio, aunque partan de un poema propuesto por el o los autores, son módulos abiertos a la intervención del lector; aquéllos cuyo diseño ha sido sugerido y/o cuya codificación ha sido proporcionada o asistida por un LLM, llevan la marca ✦ IA. Pero (¿es necesario abundar en las razones expuestas arriba?) poeta o lector, κυβερνήτης, el timonel, el piloto del navío que surca las procelosas o apacibles aguas de la poesía, es, en este caso, siempre el hombre: la materia viva de la poesía nunca está librada a la supuesta ‘creatividad’ de un algoritmo: tal cosa devolvería tan sólo el tejido disecado del lenguaje, un desolado simulacro de poema.