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Nada aquí el capullo…

Claudio J. Sguro · De vigilia

(Presentación de «Atlas de la poesía argentina»)

A mi madre

Nada aquí el capullo * secreto de tu alma, grana calcinada en el aire, temblando de tibia leche y mieles sibilinas. Vuelven a beber de esta fuente tus hijos como bestias cansadas del arado, * con la furia nerviosa en los ojos, con la fuerza ocluida en los lomos. Vuelven a beber para la ebriedad de la noche vasta, en la mesa, el regazo de harinas y sidras, cuando la luz se remansa y declina la faena. Y el hálito de adhesión injiere en el jardín * un alba nunca ahogada para la sed dolada del crepúsculo. Allí, todas se colman las copas de las flores del adviento.

Aquí me evocarán, carmesí de aurora, desplegándome ahíta en sus gemas pequeñas. Aquí la santa rita y esta rosa china, esplendor de mi raíz, el árbol del oro, el níspero y el jazmín, el centro serán donde las cenizas floten sumidas en el fácil torbellino, cuando os cubran de ternura todavía increada. Heme aquí trayendo * las delgadas guirnaldas del silencio para palidecer en la obra incesante. ¿No era nuestra virtud la del silencio: abismar la palabra siempre en sí, y cincelar el aura en el vacío, crear, en la intemperie, su abismo? Hámago no habrá en los alimentos * de esta tierra bendita de luz alucinada. El frío no os hiere, tendidos en la mies, con los sueños del tejido, porque, hebra de viento, os amparo aquí y mis manos de cobre hacen de la lluvia cálido telar y, motas de luz, levitando como ave del estío, me vuelco hacia vosotros, para abrasar las astillas del campo, para inundaros con el iris del ascenso: la agudeza incisiva de las alas para libar la brisa hechizada de nuestro poniente.

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